Suicidios en Loja: la clínica advierte, ¿la comunidad responde?

Prevención comunitaria del suicidio, responsabilidad social, y salud mental colectiva

Hjerman Agila Salazar

2/21/2026

El suicidio es un problema complejo de salud pública, de carácter multicausal, que no puede comprenderse ni prevenirse únicamente desde una perspectiva clínica. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el suicidio es el resultado de la interacción entre factores individuales, interpersonales, sociales y estructurales, y que su prevención exige estrategias integrales y multisectoriales (OMS, 2014).

Desde el ámbito clínico, se reconoce que el riesgo suicida se asocia con condiciones como la depresión, la ansiedad, el trauma y la desesperanza, así como con factores sociales como el aislamiento, el estigma, la ruptura de vínculos significativos y las barreras en el acceso a servicios de salud mental (Levi-Belz et al., 2022). Esto pone de manifiesto que la psicoterapia, aunque indispensable, resulta insuficiente si el entorno no contiene, acompaña y protege a las personas en situación de vulnerabilidad. En Loja, el aumento progresivo de casos en los últimos años no solo refleja sufrimiento individual, sino también limitaciones en los sistemas de apoyo social y comunitario. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en 2023 las provincias con mayores tasas de mortalidad por suicidio se ubicaron en la región Sierra, entre ellas Azuay, Tungurahua y Loja.

Un problema crítico en el contexto local es la tendencia a reaccionar después de la tragedia, en lugar de invertir de manera sostenida en prevención. La evidencia indica que estrategias como programas escolares de desarrollo de habilidades socioemocionales, capacitación comunitaria para identificar señales de alarma y acceso oportuno a atención psicológica disminuyen la conducta suicida (U.S. Department of Health and Human Services, 2024). Sin embargo, en Loja estas iniciativas aún no se implementan de forma sistemática ni articulada.

Desde una perspectiva personal y profesional, considero que prevenir el suicidio en Loja implica fortalecer tanto la atención clínica como las redes de apoyo comunitario. Esto supone desestigmatizar la salud mental, generar espacios seguros de escucha y solidaridad, y garantizar accesibilidad y continuidad en los servicios. Estudios recientes muestran que intervenciones breves de seguimiento, como el envío de cartas, mensajes de texto o llamadas telefónicas posteriores a una crisis; reducen significativamente la ideación suicida (Poole et al., 2025). En una era marcada por la comunicación digital, no aprovechar estas estrategias representa una oportunidad desaprovechada para el cuidado colectivo.

La clínica puede evaluar, advertir y acompañar, pero la prevención real comienza cuando la comunidad decide involucrarse. Si como sociedad aprendemos a preguntar, a escuchar sin juzgar y a actuar antes de que el dolor se vuelva irreversible, el suicidio dejará de ser únicamente una estadística para convertirse en un llamado ético a cuidar la vida de manera compartida. La pregunta no es solo qué puede hacer el profesional de salud mental, sino qué estamos dispuestos a hacer como comunidad para que nadie enfrente su sufrimiento en soledad.

Sobre el autor

Hjerman Agila Salazar

Psicólogo Clínico con formación en enfoque cognitivo-conductual y experiencia en evaluación, diagnóstico e intervención basada en evidencia. Ha desarrollado su práctica en contextos universitarios, comunitarios y de protección infantil, realizando valoraciones clínicas, acompañamiento terapéutico breve y elaboración de informes técnicos. Participa en el diseño e implementación de programas de prevención en salud mental, consumo de sustancias y violencia. Posee formación complementaria en promoción de la salud, prevención de la autolesión y suicidio, y análisis de datos aplicados a la psicología. Orienta su ejercicio profesional hacia una práctica rigurosa, ética y con responsabilidad social.

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